Operación Biquini

La tiranía de la belleza…

 

 

 

El verano ha comenzado y, una vez más, la obsesión por lucir un cuerpo perfecto cuando vayamos a la playa, comienza a hacer estragos. Lo cierto es que este ritual se inicia cada año el día 1 de enero en la lista de propósitos de año nuevo (ir al gimnasio, perder esos kilos de más…); luego llega la primavera, comienza el calor y empezamos a despojarnos de la ropa sobrante, es entonces cuando comenzamos a pensar en la operación biquini, que se hace urgente al llegar estas fechas y la cercanía de las vacaciones.

Pero… ¿quién dicta las normas? ¿quién decide donde reside la belleza?
A lo largo de la historia, los cánones de belleza femenina han ido cambiando. Desde que Rubens pintó aquellas hermosas señoras repletas de celulitis hasta nuestros días, los gustos han ido evolucionando hasta dar paso a las modelos actuales, sin un gramo de grasa en sus cuerpos y retocadas (por el cirujano o por el photoshop) hasta parecer perfectas.
Y digo “parecer perfectas” porque, a mi modo de ver, parte de la belleza reside en la naturalidad; en consecuencia, la belleza perfecta debería ser natural. Puedes “adornar” tu rostro con pintura y maquillaje pero, si el bisturí cambia tus rasgos originales dejas de ser TU para pasar a ser una copia retocada de ti misma.

Antes de continuar, quiero dejar claro que no estoy en contra de la cirugía estética; si bien yo no pasaría por un quirófano sin fines terapéuticos (corporales o mentales), respeto a quien no tiene inconveniente en poner en riesgo su vida simplemente por vanidad (del mismo modo que respeto a quien practica puenting por diversión, aunque yo jamás me lo plantearía…).

Dicho esto, me gustaría proponer un ejercicio de reflexión:

Retrocedamos en el tiempo hasta cuando no existían la TV, ni el cine ni las grandes campañas publicitarias. Los pobres tenían bastantes problemas para pensar si el pelo les quedaba suficientemente brillante, si los pechos habían caído un poco después de varios embarazos o si la nariz era un poco más prominente de lo normal… En cuánto a los ricos, que sí tenían tiempo suficiente para preocuparse de temas más banales, seguro que tenían suficiente con comprarse más y mejores ropajes (en fin, no me imagino a ninguna dama de la época haciendo flexiones para rebajar tripa…).
Entonces, ¿cómo surgió la obsesión por el culto al cuerpo?

Yo lo tengo muy claro. Esto no es más que otro engaño para controlar a las masas, creándonos necesidades que, por naturaleza, no sentimos. Nos rodea desde nuestro nacimiento en prensa, cine y TV: cuerpos perfectos que nos venden una vida perfecta. Pero perfecta, ¿para quien?.

Las modelos, actrices y/o presentadoras viven esclavas de su cuerpo y rostro. Hay quien tiene un entrenador personal o colecciona cremas y potingues, las que se obsesionan con la comida sana y quien no tiene problemas en pasar por un quirófano para mejorar lo que la madre naturaleza le cedió generosamente. Teniendo en cuenta que estas mujeres viven de su cuerpo, es casi natural tanto cuidado de su medio de vida, al igual que un pianista cuida sus manos para poder seguir tocando su música.

Pero he dicho bien, “viven esclavas”, porque donde más se siente esa tiranía es, precisamente, en el mundo de las estrellas. Grandes actrices que no consiguen papeles por haber superado los 40, modelos extremadamente delgadas para ajustarse a los cánones marcados por los diseñadores… ¿Esta es la vida perfecta que nos quieren vender?

No. En realidad, lo que nos quieren vender son las zapatillas que te adelgazan mientras andas, el aparato para rebajar abdominales, las pastillas quema-grasas milagrosas, la crema de algas concentradas, la de veneno de serpiente que quita las arrugas… Primero te crean la necesidad de tener un cuerpo perfecto, algo cuasi imposible para cualquier mortal; después te venden los productos para conseguirlo. Para terminar, como todos estos productos no hacen milagros, vienen los cirujanos plásticos a “reparar” los “errores” de la naturaleza.

Pero, en el camino, no sólo han creado productos que enriquecerán sus bolsillos; en ese camino se han creado enfermedades como la bulimia y la anorexia, devastadoras para quienes, obsesionados por conseguir esa perfección, pierden el control y, en ocasiones, hasta la vida. O la obsesión por la cirugía que lleva algunas personas a desfigurar sus rostros.

En África las gente se muere de hambre; me da mucha pena que cualquiera que vive en el “primer mundo” y no tiene problemas para comer cada día, tenga el deseo de poseer un cuerpo tan extremadamente delgado que es comparable con el de las personas que realmente no tienen nada que echarse a la boca. Y me avergüenza que algunos hagan negocio convenciéndonos de que esa, es la filosofía que nos llevará a una vida mejor.

Y ahora, me gustaría hacer un inciso para aclarar que, si bien este artículo habla más particularmente de la mujer, el culto al cuerpo que aquí tratamos está presente tanto en mujeres como en hombres (la metro-sexualidad no es más que la versión masculina de todo lo aquí expuesto).

Y, como todo lo demás, este mundo perfecto también tiene sus incongruencias; junto con los anuncios llenos de cuerpos esculturales encontramos publicidad masiva de comida rápida y alimentos nada saludables. Lo que nos lleva a otro tema preocupante: la obesidad, el otro extremo de la balanza y que también llena los bolsillos de muchos fabricantes sin escrúpulos.

Lo peor de todo es que nuestra forma de vida afecta a nuestros hijos y, son ellos, los que se llevan la peor parte: la obesidad infantil en España alcanza cifras alarmantes, al igual que el número de adolescentes que sufren anorexia y/o bulimia.

Seamos realistas. Una mujer, desde que deja su niñez atrás, sufre constantes cambios en su cuerpo: los ciclos menstruales, los embarazos y finalmente, la menopausia. Esta revolución hormonal constante, hace que nuestros cuerpos cambien cada mes durante la mayor parte de nuestra vida (cambios de humor, retenciones de líquidos, dismenorrea…). ¿Te imaginas el esfuerzo, tiempo y dinero que deberías invertir para estar “perfecta” cada día?

Tenemos que encontrar el equilibrio.

La “operación biquini” debe ser una tarea de cada día, no sólo de estas fechas: una dieta sana, ejercicio, descanso… nuestra cuerpo nos lo agradecerá. Y nuestra mente también; si la belleza exterior se desgasta, la belleza interior bien cultivada, crece cada día y se hace aun más hermosa. Vamos a dar importancia a lo que realmente la tiene y empecemos a cuidarnos para vivir mejor.

 

La buscavidas

 

3 opiniones en “Operación Biquini”

  1. Estoy muy muy de acuerdo con el artículo, especialmente preocupante la influencia de la cultura en enfermedades como la anorexia y la bulimia! Buen tema para el artículo del mes!

    1. Hola Laura!
      Te aclararé que tengo problemas como todo el mundo y me sobran kilos (unos cuantos). Aunque mi edad ya no me sitúa en la adolescencia, sí puedo decirte que, en mi juventud, era la más alta de todas mis amigas, lo que me causó complejo de “grande”; además, en aquella época se llevaban los labios muy finos y yo, con los labios que ahora tanto están de moda, me llamaban bocazas y también cuatro-ojos (por tener gafas) en fin, que he tenido problemas y complejos como todos/as. Y precisamente eso es lo que me hace darme cuenta de la tiranía de la belleza que nos venden en TV.

      No sé si no me habré explicado bien en el artículo o que tú no me has captado del todo.

      Gracias por el comentario! Salu2

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